La montaña gritó

 



NEPAL, 27 de agosto de 2026.- La madrugada del miércoles, en la frontera entre Nepal y la región autónoma del Tíbet, la tierra se abrió y el hielo milenario del Himalaya se desplomó como una bestia dormida que despierta sin aviso.


El desastre ocurrió en el corredor montañoso que conecta los distritos nepalíes de Sindhupalchok y Rasuwa, a unos 120 kilómetros al norte de Katmandú, en una zona donde viven aproximadamente 65,000 habitantes distribuidos en aldeas dispersas entre los valles del río Bhoté Koshi y el Langtang Khola.

 

El área afectada se encuentra a menos de 40 kilómetros de la cordillera del Himalaya, una región que funciona como refugio natural para alpinistas, senderistas y peregrinos que buscan conquistar montañas como el Langtang Lirung, el Shishapangma y otros picos de más de 7,000 metros.

 

Es una zona donde confluyen rutas de trekking, monasterios budistas centenarios y comunidades sherpas que viven del turismo de altura.

 

Hoy, mientras cae la tarde del jueves, más de 1,400 personas siguen desaparecidas. Los rescatistas —nepalíes, chinos y voluntarios internacionales— buscan entre los escombros con la urgencia de quien sabe que cada minuto puede significar una vida menos.

 

China suspendió este viernes las operaciones de rescate debido al alto riesgo de nuevas riadas en Tíbet, donde cientos de personas siguen desaparecidas dos días después del mortal deslave que azotó la zona fronteriza con Nepal.

 

Un video de vigilancia, grabado desde el lado chino de la frontera, muestra el instante exacto en que una pared de lodo y escombros golpea un edificio de varios pisos. Decenas de personas corren, algunas caen, otras desaparecen bajo la masa oscura que avanza sin detenerse.

 

“Llegó de repente, como una bomba del río”, cuenta un sobreviviente. “Parecía pequeño desde lejos, pero de pronto empezó a desbordarse y arrasó con todo”.

 

Donde antes había plantaciones de café y terrazas agrícolas, ahora solo queda un vacío marrón, un cementerio sin lápidas.


El balance oficial es devastador:

362 muertos confirmados

1,400 desaparecidos

260 extranjeros entre los desaparecidos

Pueblos enteros sepultados bajo metros de lodo

Carreteras y puentes destruidos

 

En esta región, al menos 14 templos budistas y santuarios de montaña resultaron afectados o completamente destruidos. Algunos eran puntos de peregrinación para hinduistas y budistas que visitan el valle del Langtang, considerado un santuario natural y espiritual.

 

La tragedia se suma a los terremotos recurrentes que han golpeado Nepal en la última década, dejando claro que la tierra está reaccionando a un entorno cada vez más frágil.

 

El origen del desastre: un glaciar que cedió

 

El Servicio Geológico de Estados Unidos confirmó que el desastre fue provocado por el colapso de un glaciar, que generó un flujo de escombros y una serie de repercusiones catastróficas.

 

Las montañas del Himalaya, hermosas y veneradas, se convirtieron en canales perfectos para la avalancha.

 

Los científicos advierten que el cambio climático, acelerado por la deforestación, la contaminación del agua y el uso irresponsable de los recursos naturales está aumentando la frecuencia e intensidad de estos fenómenos extremos en el sur de Asia.

 

Las lluvias monzónicas —de junio a septiembre— suelen provocar inundaciones mortales, pero este año la actividad ha sido más violenta y errática.

 

La tierra está gritando, dicen los expertos, y lo hace en forma de avalanchas, sequías, incendios y terremotos.

 

El ejército nepalí y las fuerzas chinas han desplegado helicópteros, maquinaria pesada y perros de rescate. Pero el terreno es tan inestable que en algunas zonas solo se puede llegar por aire.

 

“Hay muchos barrios bajo el lodo. Hay pueblos que dejaron de existir”, dice un rescatista.

 

En las primeras 24 horas se recuperaron cuerpos que, aunque sin vida, dieron consuelo a familias que solo pedían poder despedirse.

 

En los refugios improvisados, los sobrevivientes publican fotos de sus familiares cubiertos de barro, con la esperanza de que alguien los haya visto con vida.

 

“Lo único que quiero es que mi esposo regrese sano y salvo. No quiero nada más”, dice una mujer mientras sostiene una imagen impresa que ya empieza a humedecerse entre sus manos.

 

Muchos turistas —senderistas, deportistas, peregrinos— están entre los desaparecidos. La zona, famosa por sus picos nevados y rutas espirituales, estaba llena de visitantes.

 

La Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja envió:

mantas térmicas

botiquines de primeros auxilios

camillas

bolsas para cadáveres

 

Estados Unidos prometió 500,000 dólares en ayuda humanitaria.

Pero los expertos advierten que un bloqueo persistente en el río podría provocar una nueva inundación si la presión del agua aumenta.

 

Tras la avalancha, el terreno parece una cicatriz abierta. El río cambió de curso, los puentes desaparecieron, las presas quedaron destruidas y los caminos se convirtieron en grietas profundas.

 

“No lo esperábamos. No sabíamos nada. De repente se quitó todo”, dice un habitante que ahora observa lo que queda de su pueblo desde un helicóptero militar.

 

En la zona portuaria de Girong, el tránsito está cortado. Las autoridades no saben cuándo podrá restablecerse. La rueda de prensa de la mañana confirmó 558 personas incomunicadas, entre ellas 260 extranjeras.

 

La tragedia no distingue nacionalidades, credos ni fronteras. La montaña cayó sobre todos por igual.